miércoles, 9 de noviembre de 2016

SEIS


Él cada cierto tiempo se siente fregado por no estar con ella. Ella que no es amiguita A o amiguita B. Ella que solo era ella. Ella y su orgullo, su maldito orgullo; ella y sus palabras tan ordenadas, su forma de entender las cosas; ella y su sexo, su sexo y su cuerpo, ella como el cuerpo. Ella que ahora solo es nostalgia en unas fotos guardadas en archivos de su computadora.
Él piensa que ella ya tiene un enamorado pero todavía no se han acostado juntos. Eso no lo martiriza. Normal. Si hace el amor todo bien. Lo que le jode es no saber nada de ella. No tener sus coordenadas. Igual nadie sabe nada de nadie. Se vive en una indiferencia por el otro espantoso. Él comprende que haga lo que haga ella no volverá y se siente peor. El prende su pipa y se siente mucho peor. No ayuda cuando uno está depre. Se pone más depre uno si fuma cuando uno está depre. Se queda solo, aburrido, piensa que no tiene tele y que mejor, aunque en ese momento le gustaría escapar de canal en canal. En la oscuridad sale de cama, escucha que alguien en el corredor camina ¿su madre, su hermana? Abren la puerta del baño -que da justo al frente de su habitación-, pasa y escucha el chorro de pichi en el agua.  Como ejercicio para no hacer siempre lo mismo él se ha propuesto siempre entrar de modo diferente al internet, o ingresar primero leyendo ciencia, o mirando un vídeo, etc. Pero esta noche no puede, el dolor lo caga, se siente solo en este mundo inmenso y desea hablar con alguien. Mejor con amiguita B porque ella no tiene poses, con ella no juega a ser o no ser poeta, con ella solo es. Mejor. Abre la ventana del chat, le escribe ¿estás? Ella no contesta. Da vueltas. Mira el muro de algunos amigos. Se aburre. Se convence a sí mismo de que lo mejor es dormir, cierra las ventanas, apaga la máquina. Echado en su cama, cubierto por la frezada, mirando la pantalla del celular piensa que tiene todos los vídeos del mundo a su mano, es decir, el internet es más loco que la tele, porque tú eliges lo que quieres ver, pero no puede evitar su depre. Teniendo todo el conocimiento a un paso, toneladas de vídeos, libros, entre otros, no puede evitar su maldita depresión. Deja el celular en el escritorio y cierra los ojos.

El se cuestiona que escriba sus cosas, pensamientos o poemas o seudo novelas, con el chat del Facebook encendido, ¿No es un modo de claudicar? ¿No se supone que debe amar la soledad porque es un escritor o un poeta? ¿No debería quedarse callado y solo siempre? No sabe, nunca antes fue escritor, es la primera vez que lo es y no sabe. Se aburre incluso de fumar por estos días. Deja en el cajón su pipa y su bolsita. Se despierta sin sueños que recordar. Le aburre todo. Está en piloto automático en el desayuno. Sirven sopa y piensa que se trata del mismo líquido hervido con grasa. Está insoportable, no puede ingresar a las canciones cursis de siempre, esas que le dibujan mariposas en los ojos y lo anestesian un momento. Entra a páginas web. Va de una a otra buscando algo que lo incendie. Algo que fulmine su cobardía.

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