miércoles, 9 de noviembre de 2016

DOCE




Si, es cierto, Richard se siente apenado. Ocupa el mismo papel diario de observador de las otras vidas, de lector, de pasajero en bus, de enamorado de las cosas. Práctica su sonrisa pero es inútil porque casi nunca hay motivos para sonreír realmente. Piensa en morir, aunque suene estúpido porque nunca lo hará y solo es una forma de renegar más consigo mismo.
Es cierto que todo eso que fue su juventud se va derrumbando y solo desea salvar lo más puro, lo que puede germinar. No se siente cómodo en un mundo sin sueños. No quiere acostarse con mujeres. Ser bueno no es precisamente lo que desea. Se siente idiota de sentirse bueno porque tampoco lo es. Solo desea la felicidad de sus vecinos aunque nunca hace nada por ellos. Hoy mientras almorzaba pensaba que detestaba ser el mismo, que le gustaría salir de su nombre y entrar desnudo nuevamente a la noche. Se encuentra con una amiguita (amiguita tres) y caminan rumbo a la biblioteca. Todo el camino siente que juega a payaso. Se aburre de todo. Le duele la cara constantemente. A veces, claro, se acuerda de que todo esto da solamente risa, que es un chiste esta vaina de amor y hay varias mujeres afuera, en ese ahora absoluto en el que se encuentra. No quiere entregarse solo a deseos oníricos. Ama el sol.

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