(llega un momento en que todo escritor se da cuenta de la pequeñez de su vida y obra en el espacio tiempo que habitan los humanos y en la que debe hacerse cargo de expresar sus puntos de vista frente al abismo de la vida, este es el mío)
miércoles, 9 de noviembre de 2016
TRECE
Como siempre que Richard se prepara un café y se dispone a la lectura de libros gordos tiene que vérselas con excesivos problemas. En casa nadie acostumbra a leer. Es más, en casa, dónde Richard a sus 25 años sigue viviendo y comiendo, no se puede leer. Lidiar con la labor de padre aunque no tenga hijos es difícil. Difícil porque Richard solo quiere ser diariamente él. No quiere ser el papá o el modelo sino aquel que se busca y se pregunta por sí mismo. Richard cree que su problema es que entro a la poesía de forma ingenua. Creía cada que leía. Cada palabra que leía era, en realidad, una forma de llegar a otra forma de asombro.
Richard está pensando en abrir otro blog, uno donde comente su travesía de su siguiente libro, aunque en verdad, lo que desea ahora es ver a su ex enamorada, que venga como cuando eran novios, que traiga la cena, o que la preparen juntos y terminan en la cama, desnudos, tomando vino y cambiando los canales de la televisión.
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